- 05/09/2026
- Entre la Psicóloga y tu
Pues yo con mis hijos… Sobre los consejos de crianza que nadie te ha pedido
Hay dos palabras que desde que soy madre me ponen ligeramente en alerta:
“Pues yo…”
“Pues yo no le daría la tablet aunque estuviera llorando”.
“Pues los míos no comen azúcar”.
“Pues tienes que ponerlo así para que eche los gases”.
“¿Le das biberón? Yo habría intentado darle el pecho”.
“Pues yo eso con mis hijos no lo habría permitido”.
Y muchas veces pienso: estupendo.
Pero resulta que estos son los míos.
Antes de ser madre yo también tenía clarísimo cómo se criaba
Voy a empezar reconociendo algo.
Probablemente yo también he juzgado alguna vez.
Porque antes de tener hijos todos tenemos bastante claro qué cosas vamos a hacer y, sobre todo, qué cosas jamás vamos a hacer.
Hasta que llegan los hijos reales.
El que no duerme.
La rabieta en mitad de un restaurante.
La noche horrible.
El día en el que tú tampoco puedes más.
Y esa tablet que juraste que nunca utilizarías aparece en tu bolso como si fuera el Santo Grial.
La maternidad real tiene esa curiosa capacidad de desmontar bastantes teorías.
Y no, eso no significa que dé igual cómo criemos.
Significa algo bastante más sencillo:
ninguna madre es perfecta.
Yo tampoco.
Estás viendo cinco minutos. No conoces el contexto
Esto es probablemente lo que más intento recordarme cuando veo a otra madre haciendo algo que yo quizá haría diferente.
Tú estás viendo a una madre darle una tablet a su hijo mientras come.
Pero no sabes cómo ha sido su día.
No sabes si ese niño lleva dos horas llorando.
Si tiene alguna dificultad concreta.
Si ella lleva tres noches sin dormir.
Si tiene otro hijo al que también necesita atender.
Si ha probado otras veinte cosas antes.
O si simplemente hoy está agotada.
Y también puede ocurrir algo mucho menos dramático:
que haya decidido darle la tablet porque sí.
Y tampoco necesitamos inventarnos una tragedia detrás de cada decisión para respetarla.
Podemos pensar: “Yo esto lo haría de otra manera”.
Claro.
Lo que no necesitamos es añadir:
“Y por tanto tú lo estás haciendo mal”.
¿Pecho o biberón? Bienvenida a las opiniones sobre tu maternidad
Creo que la alimentación es uno de esos primeros momentos en los que muchas mujeres descubren que convertirse en madre también parece haber convertido determinadas decisiones personales en un debate público.
“¿Le das pecho?”
“¿Y por qué no?”
“¿Hasta cuándo vas a darle?”
“¿Todavía toma pecho?”
“¿Ya le das biberón?”
Y quien pregunta muchas veces no tiene ni idea de qué hay detrás.
No sabe si esa madre quería dar el pecho.
Si pudo.
Si no quiso.
Si hubo dolor.
Si hubo dificultades.
Si lleva semanas intentando tomar una decisión con la que sentirse tranquila.
Hay decisiones que tú estás viendo durante treinta segundos y esa madre lleva semanas intentando gestionar.
Después llegan el azúcar, las pantallas, el sueño y las rabietas
Porque las opiniones no terminan cuando el bebé crece.
Simplemente cambian de tema.
Si utilizas pantallas, mal.
Si come azúcar, mal.
Si duerme contigo, mal.
Si lo coges cuando llora, “se va a acostumbrar”.
Si pones determinados límites, eres demasiado estricta.
Si acompañas una rabieta, alguien te dirá que lo estás consintiendo.
Y siempre hay alguien cuyo hijo, aparentemente, comía brócoli encantado, dormía ocho horas seguidas y jamás tuvo una rabieta en un supermercado.
Me alegro muchísimo.
De verdad.
Pero tu hijo no es el mío.
Hay madres que ya se están preguntando si lo están haciendo bien
Esta es la parte que me parece más importante.
Porque a veces damos nuestro consejo pensando que estamos ayudando y no sabemos desde qué lugar lo está recibiendo la otra persona.
Puede que esa madre ya esté pensando:
“No sé si lo estoy haciendo bien”.
“No sé qué más probar”.
“Todo el mundo parece saber hacerlo menos yo”.
Y entonces llegamos nosotros con nuestro:
“Pues yo lo que haría…”
Y quizá lo último que necesitaba era otra persona explicándole todo lo que podría estar haciendo mejor.
Muchas madres no están eligiendo entre hacerlo perfecto o hacerlo mal.
Están sacando de sí mismas los recursos que tienen en ese momento para hacerlo lo mejor que saben.
Y eso no significa que no puedan equivocarse.
Nos equivocamos.
Yo me equivoco.
Podemos aprender, rectificar, pedir ayuda y cambiar cosas.
Pero difícilmente ayudamos a una madre haciéndola sentir todavía más incapaz.
Y yo, que además soy psicóloga, ¿no doy pautas?
Claro.
Forma parte de mi trabajo.
Pero hay una diferencia enorme.
En consulta hay contexto.
Antes de decirle a una familia qué podría empezar a hacer de otra manera necesito entender qué está pasando.
Quién es ese niño.
Qué edad tiene.
Qué necesita.
Qué están haciendo sus padres.
Qué han probado.
Qué dificultades tienen.
Qué recursos hay en esa familia.
Y qué pueden sostener realmente en este momento.
Porque incluso una pauta que pueda ser adecuada deja de ser útil si la damos como una receta sin entender a quién tenemos delante.
Así que si como psicóloga necesito contexto para orientar a una familia, ¿quién soy yo como madre para cruzarme contigo diez minutos y decirte cómo tienes que criar a tu hijo?
Entre madres necesitamos un poquito menos de “pues yo…”
Podemos haber dado el pecho y respetar a quien da biberón.
Podemos no utilizar pantallas durante las comidas y no juzgar a quien hoy necesita utilizarlas.
Podemos gestionar las rabietas de manera diferente.
Podemos tener normas distintas con el azúcar.
Podemos acostar a nuestros hijos a horas diferentes.
Respetar no significa que yo lo haría igual.
Significa entender que mi experiencia como madre no es la medida universal con la que tengo que evaluar la maternidad de las demás.
Y a estas alturas de mi maternidad me interesa bastante menos demostrar cómo hago yo las cosas y bastante más intentar comprender por qué otra madre puede necesitar hacerlas de otra manera.
Entre la psicóloga y tú
Ninguna madre necesita que estemos de acuerdo con todas sus decisiones. Pero probablemente sí necesite sentir que puede equivocarse, aprender y criar sin tener permanentemente un tribunal alrededor.
Antes de dar un consejo, quizá podemos hacer otra cosa
La próxima vez que vea a una madre sacar una tablet mientras su hijo está llorando puedo pensar que yo no lo haría.
No pasa nada.
Yo también veo cosas que haría diferente.
Pero intento recordarme:
no conozco su historia.
No sé cómo ha sido su noche.
No sé qué ha probado antes.
No sé qué recursos tiene hoy.
Y tampoco sé si mañana será ella quien me vea a mí en uno de esos momentos maravillosos de la maternidad en los que estoy haciendo exactamente una de las cosas que juré que jamás haría.
Así que quizá podemos sustituir:
“¿Sabes lo que deberías hacer?”
Por:
“¿Necesitas que te eche una mano?”
O incluso:
“¿Quieres que te cuente lo que a mí me funcionó?”
Y respetar también si la respuesta es no.
Porque entre madres no necesitamos estar de acuerdo en todo.
Necesitamos algo bastante más difícil:
comprender, apoyar y respetar incluso cuando nosotras lo habríamos hecho diferente.